Domingo, 19 de noviembre de 2017

Palabra por palabra: Soca

22/10/2011

Por Miguel Ángel Lino, La Crónica México Un generoso periodista uruguayo comparte conmigo y con otros 214 mil receptores el origen, significado y uso común de «La palabra del día». Lo hace a través de un ameno, útil y —para mí— imprescindible correo electrónico diario. Y lo hace porque es un apasionado del español y porque Ricardo Soca, en pocas palabras, no es díscolo... Y después de que la escribo, busco la palabra «díscolo» en el diccionario de la RAE y resulta que para ella quiere decir desobediente; pero para mí es un sinónimo de egoísta o envidioso. Ya que con ese significado se ha utilizado en México desde tiempos de María Canica o de mi tatarabuela. ¿Quién tiene razón? Pues «la abuelita de mi abuelita», por supuesto, quien aprendió de su mamá que díscolo es el que no presta. Y la Real Academia Española, con toda su pompa y circunstancia podrá decir misa y en latín si así le pluguiese; pero nuestra lengua —el español— es de quienes la hablamos como la hablamos en distintos países. Le cuento lo anterior porque resulta que a Ricardo Soca, quien se comunica cibernéticamente desde Montevideo a través de un servidor que está en Estados Unidos para difundir, enriquecer y hacer que prevalezca la lengua de más de 450 millones de hispanohablantes, ha sido intimidado por una conocida editorial española cuyo nombre empieza con P y termina con Planeta, arrogándose el derecho de limitar y sancionar la utilización de los contenidos de la página Web de la RAE, como los avance de la vigésima tercera edición del diccionario académico... Soca retiró de su página www.elcastellano.org (que recomiendo ampliamente) tales contenidos didácticos más por razones prácticas que por amenazas legales. Pero hágame usted es canijo favor. Cuanto más necesitados estamos de promoción y divulgación de nuestra lengua, resulta que por razones mercantilistas y espurias —digo yo— limitan la expansión del dominio del español, cual fuera el mandato de Felipe V de Borbón, el Animoso, desde 1714. En una reveladora entrevista que vi a través de Internet, Soca pone los puntos sobre las íes y las tildes sobre quién ganan y quién pierde si se limita el acceso a lo que por derecho nos pertenece: el español, la segunda lengua más hablada en el mundo. Véala en www.montevideo.com.uy/notvideos_150871_1.html Y para que usted calcule si esto nos debe importar a los mexicanos, le diré que somos los que más hablantes de español aportamos a la cuenta dentro y fuera de nuestro territorio. Claro está que la Real Academia Española tiene derecho de canalizar a través de las empresas editoriales o sitios de Internet que guste y mande los contenidos y aplicaciones informáticas que quiera con o sin fines comerciales, eso no se discute. Pero, bien mirado, ¿por qué vamos a comprar algo que ya nos pertenece? Por eso creo que es necesario sumarse a la iniciativa de Ricardo Soca que aparece en su portal para firmar la petición «la lengua es de todos, no de las corporaciones» y tomar partido en este asunto que no sólo debe interesarnos, sino que directa e inexorablemente no afecta. La lengua que hablan los argentinos, beliceños, bolivianos, costarricenses, cubanos, chilenos, dominicanos, ecuatorianos, ecuatoguineanos, españoles, hondureños, guatemaltecos, mexicanos, nicaragüenses, panameños, paraguayos, peruanos, puertorriqueños, salvadoreños, uruguayos, venezolanos nos pertenece. El español es nuestro. Tanto de nuestros países como de cada uno de nosotros. Y mal hacen quienes pretenden tener derechos reservados, marca registrada o negociar su uso. Si ya era cuestionable la autoridad sobre lo que es correcto o incorrecto en el español señalado en forma dictatorial por la RAE... a la que muchos ni caso le hacen. Pues ahora además de ignorada será aborrecida. Máxime si como se dice pronto «comercializará» el conocimiento del español a través del portal de la poderosa Telefónica, la Telmex española. Cierro con dos palabras: criticable e inaceptable.