Lunes, 20 de noviembre de 2017

Salvador Gutiérrez: «La
lengua es pura democracia»

11/08/2011
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Javier Rodríguez Marcos, El País«La i griega se llamará ye». Internet entró en erupción el 5 de noviembre con el anuncio de que la nueva Ortografía de la Real Academia Española proponía unificar el nombre de algunas letras y suprimir la tilde en solo. El coordinador de aquella obra -que para algunos era revolucionara y para sus autores ni siquiera llegaba a reformista- fue Salvador Gutiérrez Ordóñez, un asturiano de 1948 que ejerce como catedrático de lingüística en la Universidad de León y ocupa el sillón S en la RAE.Allí dirige el departamento de Español al Día, un servicio de consulta del que salió, dice, mucha de la «doctrina» de la obra: «Con sus preguntas, los usuarios nos hacen pensar en cosas en las que no habíamos pensado, en incoherencias que tratamos de subsanar».Así pues, aquellas controvertidas 800 páginas no eran fruto de la arbitrariedad de un grupo de «señores que no tenían nada mejor que hacer». Cosas así se dijeron en unos días que, reconoce Gutiérrez Ordóñez, le desbordaron: «Estaba preparado para una reacción porque la ortografía es un punto sensible del alma lingüística y los cambios producen inquietud. Había pasado en Alemania y, sobre todo, en Francia. En 1990 hubo un enorme revuelo ¡por un acento circunflejo! Se están haciendo incluso tesis doctorales sobre aquella polémica».En el caso hispano, Internet marcó la diferencia: «Da una capacidad de opinar que antes no existía, pero hubo gente que hablaba sin conocer algo que todavía era una propuesta». Atrás quedaban los tiempos en que las publicaciones académicas funcionaban como libros de texto en la enseñanza por una razón: no había otros. «Hoy la sociedad tiene otra organización. Y no podemos olvidar que la lengua es pura democracia. Cada vez que un hablante la usa está ejerciendo su voto. La RAE tiene que ganarse el prestigio a diario. Y creo que lo hace. Ha salido a la sociedad: con el diccionario en la Red, el servicio de consultas...».Pasado el «bullicio inicial», las reseñas de la Ortografía, cuenta su responsable, están siendo muy positivas. Además, se ha vendido bien: la primera edición, de 85.000 ejemplares, está casi agotada. Agotada, pero ¿aceptada? «En las cuestiones obligatorias -como quitar la tilde a guion o truhan-, sí. En las opcionales, la gente tiende a seguir sus hábitos». Entre esa gente hay académicos, como Javier Marías o Luis Goytisolo, que expresaron públicamente su disconformidad. Diplomático, su colega quita hierro al asunto: «No todos los académicos tienen que opinar lo mismo. Otra cosa es que, una vez aprobado, deberían aceptar lo prescrito aunque sigan su criterio en lo opcional».Otro de los temblores producidos por las nuevas reglas fue el que sacudió el panhispanismo del que hace gala la RAE. Si en España no gustó que la i griega pudiera llamarse ye, en América pasó lo propio con la propuesta de que su be baja (o corta) pasara a ser uve. Mucha gente había oído por primera vez esa forma cuando el BBVA se instaló al otro lado del Atlántico. Al final, aunque revueltas, las aguas volvieron a su viejo cauce. Respecto a disonancias como las producidas por la decisión de pegar el prefijo ex al sustantivo, Gutiérrez Ordóñez no duda: «Toda regla tiene sus bordes, sus zonas problemáticas, que son, precisamente, las que justifican la regla. Era peor lo de antes: la consideración falsa de ex como preposición». ¿Y casos como exxilofonista? «Siempre que hay un prefijo que termina por una letra unido a una palabra que repite esa misma letra surge un problema. Pasa en contraataque y portaaviones». La lengua, en su evolución, tiende a la economía. Ahí están portaviones y exudar (de ex sudare).Polémicas aparte, ¿cuál es hoy el mayor enemigo de la ortografía? ¿Los correos electrónicos? ¿Los SMS? «La prisa y el carácter efímero de los correos pueden hacer que se descuide la ortografía, pero su gran enemigo es el déficit de horas dedicadas en la enseñanza a la escritura. Un niño no escribe mal porque envíe SMS, sino porque no ha aprendido a escribir. Es muy bueno insistir en que los chicos lean, pero también lo es que escriban. Son dos destrezas cerebralmente disociadas. Escribir es una técnica cognitiva compleja como puedan serlo la mecanografía, tocar el piano o encestar al baloncesto. Hay que practicar y practicar. Y aun así...».