Sábado, 18 de noviembre de 2017

Salamanca: una ciudad "mágica" para aprender español

24/07/2016
Texto y foto: Ana Marcos

Randa y Robert, dos estudiantes de español en Salamanca

Pocos lugares en el mundo son capaces de desprender magia. Salamanca es una de esas ciudades que encanta a quien la visita, y quizá por eso es uno de los destinos más elegidos por los extranjeros para estudiar español. Más de mil estudiantes llegan cada verano a la ciudad para aprender o mejorar el idioma de Cervantes en la Universidad o en los múltiples centros de enseñanza capacitados para ello.

 Los recién llegados destacan su belleza, su encanto y la atracción que despierta en ellos la cultura española, sin olvidar otros míticos elementos por los que España es conocida mundialmente: la gastronomía y la fiesta. Casi todos ríen mientras reconocen que salen con frecuencia a disfrutar de la vida nocturna de la ciudad. Sin embargo, el principal motivo que mueve a estos jóvenes a elegir Salamanca es encontrar en ella el castellano “más puro”, la única clave para aprender español con más facilidad –ni encontrar la rana ni la magia que envuelve a la ciudad hacen esta tarea más sencilla-.

Randa y Robert son estudiantes de la misma clase de español. Ella es de Argelia, y lleva dos años viviendo en Niza. Él viene de Florida. Han elegido esta ciudad para pasar el verano y aprender nuestro idioma, ambos desde cero. “Cuando llegué aquí no podía decir ninguna palabra en español, solo hola y gracias”, reconoce Randa entre risas. Pese a que afirma que no habla muy bien el idioma, se defiende sin apenas dificultades. Ha adquirido este dominio en tan solo tres meses, aunque reconoce que a ella le resulta algo más fácil por las similitudes entre nuestro idioma y el francés, lengua que habla desde niña.

Trabajaba

Robert lleva menos de un mes en Salamanca, pero también logra mantener una conversación en nuestro idioma. Parece más tímido que su compañera, pero aún así se une a nuestra conversación. Dice, con media sonrisa, que la palabra trabajaba le parece “muy divertida de pronunciar”.

Randa y Robert son el reflejo de muchos de los jóvenes que llegan a España a aprender el idioma. Tienen muchos elementos en común, pero son sus diferencias la parte más enriquecedora de la experiencia que están viviendo. Así, como el resto de estudiantes, ellos vienen motivados por aprender y estrujar al máximo su estancia en Salamanca, empaparse de la cultura española y disfrutar esta vivencia tan enriquecedora.

Y es en este intento de saborear España en el que buscan disfrutar de aquello lo que caracteriza a nuestro país. Randa reconoce que le encanta la guitarra española. “Quiero ir al Sur. He estado buscando más de un mes un espectáculo de flamenco o un lugar para escuchar la guitarra española en Salamanca, pero no lo he encontrado”, afirma disgustada. Quizá no encontrar estos espectáculos culturales característicos de otras regiones es lo que más echan en falta los estudiantes que eligen Salamanca. Pero la gastronomía y, sobre todo, el buen ambiente de la ciudad, compensan esta carencia. “Lo que más me gusta de España es la gente, porque puedes salir a cualquier hora y hacer amigos de todo el mundo, y eso en Francia es completamente diferente”, afirma la joven.

Jamón, jamón

En cuanto al mundo culinario, Randa y Robert se muestran más reticentes a probar algunas platos típicos: ella no puede comer jamón, y a ninguno de los dos les agrada “ver las piernas del cerdo colgadas en las tiendas”. Aún así, ella valora que en Salamanca, gracias a las tapas, se puede comer muy barato y probar muchas cosas diferentes, y esto es lo que más le gusta (además de las patatas).

Al pedirles el nombre de otra ciudad española que les guste, los dos chicos coinciden: Toledo. Él está deseando ir y ella, que ya ha estado allí, dice que le encanta porque es la ciudad de las tres culturas, donde se puede “visitar una mezquita, una sinagoga y una catedral”.

Pero Salamanca no se queda atrás. Randa esboza la sonrisa más sincera de la conversación al hablar del Convento de San Esteban: “Todos los días paso por aquí y me quedo un momento mirando, y me digo a mí misma que qué suerte tengo de estar aquí y ver cosas maravillosas”. Será que ya se ha visto embrujada por la magia de Salamanca.