Jueves, 23 de noviembre de 2017

Afirman que anglicismos "empobrecen" el castellano

11/06/2016
Julieta Roffo

 

 

Clarín

 

“Likeame la foto”, dice una. “Bueno, pero vos me faveás”, responde otra. Son amigas, tienen 11 o 12 años, van sentadas en los asientos largos de la línea B del subte, ensimismadas en sus celulares, e intercambian, imperativos mediante, gentilezas virtuales. Una le está pidiendo a otra que ponga “Me gusta” en una imagen que acaba de compartir en sus redes sociales, la otra lo cambia por un “Favorito” a la frase que recién publicó en Twitter. Pero, como a buen entendedor, pocas palabras, lo dicen de la manera más corta posible: con un término derivado del inglés, la lengua en la que, en general, se popularizan las redes sociales y las nuevas tecnologías.

A esta altura del fanatismo generalizado por las series, “no spoilear” –no revelar nada de la trama que el interlocutor no hay visto– es casi un mandamiento, y son muchos los usuarios de Internet que saben que “stalkear” se trata de revisar hasta el último detalle de la vida virtual de aquella persona cuya pista se está persiguiendo.

La Real Academia Española difundió un corto publicitario para denunciar esta “invasión inglesa”, e hizo foco en cómo los anglicismos se multiplican en el ambiente publicitario. Palabras como “light”, “eco friendly” o “anti-age” se usan, según un estudio conjunto de la RAE y la Universidad Complutense de Madrid, porque el español sufre “un complejo de inferioridad” respecto del inglés. Para intentar mostrar cómo una palabra sajona “suena bien” en el contexto de un aviso publicitario, la RAE grabó el aviso de un perfume con fragancia “swine” y otro de anteojos de sol con “blind effect”. Cuando los interesados en el producto recibían su encomienda, descubrían que, como “swine” quiere decir “cerdo”, la fragancia no era agradable, y que con los anteojos no podía verse nada porque “blind effect” significa “efecto ciego”.

“Las palabras tienen que ver con la globalización de la economía, hace años que las lenguas están más en contacto que nunca. Lo tecnológico, que trae muchos vocablos del inglés, está especialmente presente en esta época. Pero a principios del siglo XX eso pasaba con el francés: de allí viene, entre otras, la palabra ‘carnet’”, dice el uruguayo Ricardo Soca, autor de La fascinante historia de las palabras. “La RAE acepta anglicismos cuando no tiene más remedio, y cuando se usan en España: ‘beicon’ está en el diccionario porque en la Península la usan para decir ‘panceta ahumada’, pero aunque toda Latinoamérica dice ‘mouse’, la RAE insiste en que se le diga ‘ratón’ al dispositivo porque si el anglicismo viene de América, no les interesa”, sostiene.

Del otro lado del Río de la Plata –y del debate–, Alicia Zorrilla, vicepresidenta de la Academia Argentina de Letras, reflexiona: “El hablante es el responsable de abrirle las puertas al inglés, que sólo es positivo si no hay palabras correspondientes en español. Si lo hacemos por moda –sobre todo pasa con los adolescentes– es negativo. Ocurre porque les parece más moderno, pero los que hablamos en español tenemos que defender nuestra lengua: tenemos que luchar por decir ‘examinar’ o ‘verificar’ en vez de ‘chequear’, que viene del inglés”.

“Lengua madre sólo hay una”, dice la Academia en su video. Apela a una idea tradicional de familia, y las dos nenas en el subte no tienen tiempo para eso.