Volver
En un día como hoy, pero en 1821, el general José de San Martín proclamó en Lima la independencia del Perú.


Si desea adquirir un volumen, pulse sobre la imagen correspondiente



Nuevas fascinantes historias de las palabras

Carlos Liscano


Ricardo Soca tiene un prolongado vínculo con la lengua castellana. Desde su página en Internet, www.elcastellano.org, hasta La palabra del día, servicio por correo electrónico que presta gratuitamente a quien se suscribe. Son precisamente las definiciones de la Palabra del día que, recopiladas, forman este libro, que ya ha tenido su tomo I.

En la tradición de los antiguos redactores de diccionarios en solitario, como Sebastián de Covarrubias, quien escribió solo y a mano el primer diccionario monolingüe (Tesoro de la lengua castellana o española, 1611) Soca trabaja para explicar la lengua a los no especialistas. Escribo "no especialistas" y me corrijo enseguida. Soca es un especialista y este libro es también un libro especializado y para especialistas. La diferencia con otros está en que Soca pone al servicio de todo curioso de la lengua, especialista o no, un trabajo que le ha exigido mover muchos libros, entre ellos el monumental y repetidamente citado de Joan Corominas, Diccionario Etimológico del Español. Ese movimiento de diccionarios, libros de historia, manuales, y tanto material de historia de las palabras y de la lengua, es notorio en cada definición. El interesado se ahorra con este libro el trabajo de buscar lo que probablemente no encontrará en un solo sitio porque cada entrada incluye la consulta a muchos materiales. Porque este libro hace parecer fácil lo que exige un esfuerzo de muchos años.

Trabajo paciente como pocos, este de definir palabras, de explicar sus orígenes y su evolución, que requiere la pasión calma del filólogo, la curiosidad silenciosa del lexicógrafo, y la intención pedagógica que nace del amor por la lengua.

Mérito no secundario de este diccionario es la ilustración literaria de lo que se define. Casi todas las entradas tienen un ejemplo del uso de la palabra definida.

Uno podría preguntarse, y yo lo he hecho, a qué viene este esfuerzo de Ricardo Soca, este fanatismo cordial por el idioma, en época en que a nadie le interesa hablar bien, escribir correctamente ni expresarse con propiedad y usando los matices que la lengua pone a disposición de todo hablante. Cuando todo el mundo tiende a hablar como gente ignara e insensible que es escuchada por millones de oyentes pasivos a través de la televisión. Cuando los periodistas de radio, convencidos de que se expresan con la mayor precisión alcanzable, empiezan toda frase con "básicamente" o "en efecto", ¿a qué viene esta preocupación por explicar palabras que los profesionales del idioma usarán sin importarles si lo hacen de modo apropiado o no? Cuando los dirigentes políticos, siempre a la caza de un micrófono amigo, sin pudor maltratan las palabras como si fueran enemigas, comienzan una frase y por el camino pierden el sujeto, la concordancia ¿se justifica el intento de precisar qué significan los vocablos, de dónde vienen, cómo se usan?

Vivimos un tiempo en que en la calle, en la televisión, en los ómnibus, en las oficinas públicas, en los comercios, se exponen carteles escritos con faltas de ortografía. Un tiempo en que nadie le pone tilde a las mayúsculas y así parece que África fuera una palabra grave. Pocos se acuerdan o saben, incluidos maestras y maestros de escuela, profesoras y profesores y estudiantes universitarios, que los signos de interrogación y de admiración en español se usan al comienzo y al final de frase. En estos tiempos ¿vale la pena el esfuerzo de mover tanto libro para explicar el significado y el origen de las palabras?

Hace unos 20 años la crítica literaria no hablaba de otra cosa que no fuera el posmodernismo y la posmodernidad. Confieso que, carente de luces y de tiempo, más de lo primero que de lo segundo, nunca entendí esos conceptos. Siempre pensé que algún día tendría lo segundo y me pondría a estudiarlo. Ahora parece tarde, nadie habla de posmodernismo. Me pasa lo mismo con globalización, nunca logro entender en qué consiste. Pero sí hay un sector de la vida en que veo cómo la globalización avanza destruyendo la vida, la cultura y el buen gusto. Ese sector es el lenguaje. Del otro lado del Río de la Plata, y yo escribo en Montevideo, ha desaparecido el subjuntivo. Un tiempo verbal completo, complejo, que le da variedad y riqueza al español, que no todas las lenguas occidentales tienen, ha pasado a ser patrimonio exclusivo de "especialistas". Entre nosotros también ha empezado a desaparecer. Pero, tal vez como compensación, hemos impuesto una extensión curiosa del gerundio. Todo se expresa en ando o iendo. Se lo usa hasta en futuro: El presidente estará viajando a Venezuela mañana de mañana, dicho con toda la boca y mirando de frente a la cámara de televisión.

Vuelvo para atrás. Este libro sigue una tradición, la de los lexicógrafos de todas las lenguas, que intentan atrapar en una definición las transformaciones que el uso y la historia provocan en las palabras. Exponer el largo viaje de los vocablos, como piedra que rueda por el camino, es lo que se ha propuesto Ricardo Soca. No es seguro que a la larga se consiga algún resultado en esta lucha silenciosa contra la degradación de la lengua, contra el uso generalizado de las formas menos ricas y matizadas que los medios de comunicación difunden durante miles de horas por año. Pero lo cierto es que si no se hace algo terminaremos todos expresándonos con media docena de frases, siempre comenzadas por "básicamente" y casi con seguridad en gerundio, único tiempo verbal que conocen los dueños del micrófono, los "comunicadores", que le dicen. En la primera mitad del siglo XIX un venezolano luchó desde Chile contra la disgregación del idioma que la independencia de España amenazaba provocar en las débiles repúblicas de Hispanoamérica.

Es seguro que no solo por él, pero sin ninguna duda también gracias a él, sin el trabajo de Andrés Bello el español de América se habría convertido en muchas lenguas y dialectos como le pasó al latín en Europa después del siglo IV. Curiosamente, en aquel tiempo la disgregación tenía como causa la falta de comunicación entre las repúblicas recién surgidas de la guerra de independencia. Hoy vamos camino a la lengua inane por causa del exceso y monopolio de las comunicaciones. Hasta la gente de campo, dueña siempre de una lengua cargada de matices locales y antiquísimos, se expresa como un jugador de fútbol entrevistado por un periodista que le hace una pregunta que empieza con "básicamente".

Creo que el trabajo de Ricardo Soca sigue la tradición que en Chile inició Bello hace casi 200 años. Creo, también, que deberíamos agradecerle esta pasión por la palabra en momentos en que la lengua rica y matizada se retira de la escena frente al "básicamente" y al "en efecto" del ignaro del micrófono.

1Carlos Liscano es un novelista, dramaturgo y ensayista uruguayo.




Diccionarios | Normas | Radios | Fundéu | Prensa | Traducción | Noticias | Historia | Dic.arg.español | Etimología
Asociación Cultural Antonio de Nebrija - © 1996 en adelante - Derechos Reservados / Editor: Ricardo Soca