Miércoles, 22 de noviembre de 2017

Lengua asturiana despierta interés en Chile

30/07/2009
NULL

NULL

María Toraño, La Nueva EspañaEntrevista en Oviedo con Ramón Trespalacios Collado, presidente del Centro Asturiano de Valparaíso (Chile), quien visita la región con la delegación chilena que participa en el Mundialito Internacional de Bolos que se celebra en Pola de Siero. Este año su centro será el encargado de celebrar el día de Asturias en el exterior.―¿Cómo se está preparando Valparaíso para acoger los festejos del 8 de septiembre?―Lo celebraremos bajo el lema: «Asturias. Sus frutos en Chile». Queremos hacer la fiesta como la hacemos siempre, por todo lo alto. Se celebra una novena los días antes y el 8 de septiembre hay misa en la capilla, los mayores cantan el ramo y viene la banda de gaitas. Después se va en procesión hasta la bolera y ahí se hacen los bailes y una espicha. Después vamos a comer, se rifan los roscos y se entregan reconocimientos a las personas que hayan destacado dentro de la colectividad o en la bolera. La única pega es que no podemos tirar voladores porque en Chile están prohibidos los fuegos artificiales que era lo que más me gustaba.―¿Existe tradición en su país de celebrar el día de la Virgen de Covadonga?―Es una fiesta que se celebra desde hace muchísimos años. Prácticamente desde finales del siglo XIX se viene haciendo y hay archivos con noticias de 1910 hasta 1920 que anuncian el cartel del pregón de fiestas, con guirrias y bandas de música. Los únicos años que no se celebró fue durante la Guerra Civil.―Y además de la romería, ¿qué otras actividades se ponen en marcha desde el Centro?―Tenemos actividades durante todo el año, entre ellas celebramos el Día de las Letras Asturianas y gracias a un convenio con la Academia de la Llingua damos cursos.―¿Tienen buena acogida esas clases de asturiano?―Es muy curioso, porque despiertan mucho interés entre la gente joven. En uno de los cursos que organizamos llegaron a ir juntas cuatro generaciones de mujeres: la abuela de 90 años, su hija, una nieta e incluso una bisnieta. Se lo pasaron muy bien.―En este tipo de encuentros la emotividad y los recuerdos estarán asegurados...―Por supuesto. Hubo un curso con canciones en el que todos los asistentes se pusieron a recordar melodías y letras de su infancia o que les cantaban sus padres. Fue muy emotivo porque recordaban cosas que todos creían que estaban perdidas y rememoraban sus vivencias de infancia.―Los bolos son uno de los puntos fuertes de su colectivo y ahora están participando en el Mundialito de Pola de Siero, ¿cómo hacen para fomentar este deporte regional?―Tenemos una bolera con un hórreo al lado, dentro del Estadio Español de Viña del Mar, que prácticamente forma una única ciudad con Valparaíso. Hemos venido con dos participantes al Mundialito pero ya estamos eliminados. Los domingos hay una escuela de bolos con dos monitores y asisten unos 8 niños. El problema es que hay mucha competencia con el fútbol, la televisión y la playa en verano.―Antes mencionaba que para el Día de Asturias toca una banda de gaitas, ¿está formada por integrantes del centro?―Tenemos una banda de gaitas con 14 músicos entre gaiteros, tambores, bombo y ahora quieren incorporar pandereteras. En Chile hay gran interés por la música celta y viene mucha gente que no tiene nada que ver con los asturianos y a nosotros nos encanta porque así difundimos nuestra cultura. Una de nuestras mejores gaiteras es una niña cuyo padre es nieto de vascos y la madre, nieta de italianos.―¿Sorprende el interés de la gente joven por las tradiciones de sus antepasados?―Precisamente desde Valparaíso han venido dos jóvenes a los campos de trabajo de Valdés y Morcín. Su abuela es de Panes y ellos vuelven encantados de la visita a Asturias. De los que vinieron el año pasado hay uno que lo único que quiere es hacer sidra en el sur del país y se pasa el día escanciando, habla en asturiano... ¡Se quedó loco!―¿Y cuál cree que es el motivo de que les guste tanto?―Es una experiencia fantástica para ellos porque ven que Asturias es algo más que los recuerdos de sus familiares. Descubren gente de su edad y ven otra perspectiva que les entusiasma más. Lo que te cuentan tus abuelos son recuerdos dolorosos desde el desarraigo, desde la pena de dejar su casa y sus familias. Los asturianos somos muy buenos para mantener vivas nuestras raíces y cultura. Eso nos ha identificado siempre como grupo.―¿Desde qué zonas de Asturias se emigró a Chile?―Principalmente desde el Oriente. Toda la gente que emigró era de las zonas de Mier, Peñamellera Alta, Libardón, Colunga o Ponga. La predominancia de emigrantes del oriente asturiano se da en todo Chile, también en Santiago y en San Fernando.―¿Y a qué tipo de negocios se dedicaban al llegar al país?―A las ferreterías o a las fábricas de calzado. Al principio la mayoría de los asturianos que llegaron tenían comercios o industrias. Con la crisis de los últimos años muchos han cerrado pero la mayoría de los que nacieron allí son profesionales, abogados, médicos...―¿Les costó mucho conseguir sacar adelante sus vidas en un país extraño, tan alejados de sus familias?―La gente que llego allá fue gente de mucho esfuerzo, de mucho trabajo y de mucho empuje. En Chile no hay grandes fortunas como pasó en otros países pero tampoco hay grandes diferencias de clase. Gracias a Dios no hay mucha gente en situación de necesidad. A nosotros nos cuesta mucho conseguir gente que cumpla los requisitos para poder venir con el Programa Añoranza, que reúne a familiares que han pasado mucho tiempo sin volver a Asturias. Chile ha sido una tierra muy generosa con la gente que emigró para allá.«En Valparaíso tenemos una escuela de bolos asturianos a la que asisten 8 niños, el problema es que hay mucha competencia con el futbol y la televisión»

Ramón Trespalacios nació en Chile en octubre de 1960, su padre es natural de Mier (Peñamellera Alta) y su madre de Libardón (Colunga). Soltero y sin hijos, estudió derecho pero se dedica a la agricultura y cultiva melocotones para una conserva. Su primera visita a Asturias fue con 12 años y recuerda perfectamente que llegó en una noche de diciembre a Mier y reconoció la casa de su familia, como si la hubiera visto siempre porque no pasó un día sin que su padre le recordase algo de su pueblo durante la comida.