Miércoles, 26 de junio de 2019

José del Valle: "El CILE es un espectáculo"

José del Valle

Sofía de Mauro, La Voz, de Córdoba

Invitado especial al Primer Encuentro Internacional: Derechos Lingüísticos como Derechos Humanos en Latinoamérica, que organiza la Facultad de Filosofía y Humanidades, entre el 26 y el 29 de este mes visitará la ciudad de Córdoba José del Valle, especialista reconocido en políticas de la Lengua, quien será el encargado de la conferencia de cierre en el programa: “La glotopolítica como política: acción intra y extradisciplinaria”.

Del Valle es licenciado en Filología por la Universidad de Santiago de Compostela, máster por la universidad pública de Nueva York en Buffalo (Suny) y doctor por la Universidad de Georgetown (Washington). Desde 2002, es docente e investigador en el centro de posgrado (Graduate Center) de la universidad pública de Nueva York (Cuny).

Su investigación, reflexión y escritura han girado en torno de las políticas de la lengua española en relación con la emergencia y el desarrollo del nacionalismo español, así como con los proyectos neocoloniales de vínculos con Latinoamérica durante los siglos 20 y 21.

En estrecha colaboración con la Universidad de Buenos Aires y la Universidad de Chile, es uno de los impulsores de la perspectiva glotopolítica, además de ser uno de los fundadores de los congresos latinoamericanos de glotopolítica y del Anuario de Glotopolítica.

Gran espectáculoEntre sus publicaciones, se destacan La batalla del idioma: la intelectualidad hispánica ante la lengua (2004), La lengua ¿patria común? Ideas  e ideologías del español (2007) y la Historia política del español: la creación de una lengua (2016), en las que participó como editor, coeditor, autor y coautor.

–¿Cuáles son sus perspectivas acerca del Congreso Internacional de la Lengua (Cile)?

–Los Cile no son reuniones de investigadoras e investigadores. Por más que entre la gente que participa en ellos haya quienes se dedican a la investigación de la lengua española, se trata más bien de una plataforma para la propaganda de las políticas de la lengua que se impulsan desde el Instituto Cervantes y la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale). Por eso, asisten no sólo especialistas en filología y lingüística, sino también gente del mundo del periodismo, la política, las artes, las empresas y el espectáculo. De hecho, es un gran espectáculo diseñado para ganar la adhesión de sectores importantes de las sociedades latinoamericanas y española al proyecto de promoción de un español panhispánico, y de aprovechamiento de este en los mercados lingüísticos globales.

–¿Y cuál es su posición al respecto?

–Mi posición en relación con los Cile ha sido siempre crítica. Las políticas de la lengua que promueven responden a dos procesos con los cuales discrepo por principio. El primero es el neocolonialismo, o persistencia de una estructura de gestión del idioma jerárquica, en la que instituciones españolas, gracias a la complicidad de instituciones latinoamericanas, y esto es sumamente importante, ocupan posiciones ventajosas. El segundo es la imposición de la lógica del mercado sobre todos los ámbitos de la vida social. En este sentido, se presume que la lengua española es una mercancía que cotiza al alza en los mercados lingüísticos internacionales, y las políticas de la lengua se orientan a la explotación de ese valor.

–¿Qué piensa del actual lema de la RAE: “Unidad en la diversidad”?

–La frase por sí sola no implica nada particularmente original: los elementos de un conjunto pueden funcionar de manera unitaria conservando grados de singularidad que los diferencian entre sí. Por sí mismo, este principio no es inherentemente bueno ni malo; de ahí que debamos reflexionar sobre el tipo de proyecto a cuyo servicio se pone esta frase, ahora convertida en nuevo lema de facto de la Asale. Ese proyecto es la política lingüística panhispánica, cuyo fundamento es la constatación de que el español es una lengua pluricéntrica. Pero, claro, esto no es ningún gran descubrimiento. Cualquier hispanohablante ha sabido siempre que hay múltiples lugares geográficos y sociales desde los que se proyectan normas de uso correcto. Lo que pretende la política panhispánica es afirmar que existe una gestión mancomunada o colectiva del idioma; es decir, una actividad normativa consensuada por todas las academias de la lengua española.

–¿Y a dónde apunta su crítica?

El problema, desde mi punto de vista, es que esta política de la lengua no apunta en ninguno de sus proyectos a reconocer que existen correlaciones y relaciones causales entre distintas formas de hablar español y la ubicación social y movilidad socioeconómica de la gente. Por más que se reconozca un pluricentrismo geográfico y se implique a especialistas latinoamericanas y latinoamericanos en la gestión del idioma, se reproduce una idea de lengua que perpetúa jerarquías históricas de tipo social y geográfico. Y lo hace con un considerable grado de éxito, porque es la idea que se transmite a través de muchos medios de comunicación y a través de la escuela. Los Cile contribuyen al ocultamiento de la verdadera diversidad y sus efectos, de la persistencia del carácter clasista de estas políticas del idioma.

Verdadera diversidad

 

–¿Qué significa pensar el español como “recurso económico”?

–Significa, dicho en pocas palabras, que el español es un instrumento que, utilizado de manera apropiada, facilita la acumulación de riqueza. Puede querer decir que el idioma mismo es una mercancía; y también puede significar que, a través de su conocimiento y uso, se facilita o incluso abarata la producción y venta de otros bienes y servicios.

–¿Cuáles son los problemas de esa perspectiva economicista?

–La pregunta que surge enseguida, desde una perspectiva glotopolítica, es si hablar español o ser hispanohablante supone automáticamente estar en posesión de ese recurso económico. Y la respuesta es negativa, pues las distintas variedades geográficas y sociales del español están sometidas a juicios normativos que hacen que algunas de ellas sean más valiosas que el resto. A partir de esta constatación, debemos preguntarnos si la ciudadanía tiene igual acceso a esas versiones del español que más fácilmente se convierten en riqueza. Lamentablemente, la mayoría de los proyectos de reflexión sobre el español como recurso económico que se han auspiciado desde las instituciones organizadoras de los Cile han partido de la base falsa de que saber español es estar automáticamente en posesión de ese recurso y han prestado escasa o nula atención a la relación entre lengua, normatividad y desigualdad social.

Publicado por La Voz de Córdoba, Argentina, el 24 de marzo de 2019