
Una calle del típico barrio de Reus, un rincón favorito del escritor uruguayo

Tomando mate en la Rambla, uno de los escenarios naturales en el que se mueven los personajes de
Benedetti

Ofertas en un almacén de ultramarinos en Capurro, la calle donde Benedetti vivió muchos años
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El Montevideo de Mario
Benedetti
Texto y fotos de Fernando Heller, Agencia Alemana de Prensa (1997)
Al escritor uruguayo Mario Benedetti le gusta dejar meridianamente claro que
se siente por sobre todas las cosas un "montevideano", a pesar de haber nacido hace
ochenta años, cumplidos el pasado septiembre, en Paso de los Toros, en el centro del
país, y de residir casi seis meses en la capital uruguaya y otros seis en Madrid, huyendo de
los rigores invernales australes y boreales, alternativamente, como las aves migratorias.
Uno de los temas centrales y preferidos de sus obras es la clase media montevideana, que tacha de
gris y conformista. En algunos de sus textos más conocidos como "Poemas de la
oficina" (1953-56) o en el volumen de cuentos "Montevideanos" (1959) se recoge
fielmente la mentalidad "burocratizada" de los funcionarios capitalinos, en palabras de
este eterno candidato al Premio Cervantes, máximo galardón de las letras en lengua
española.
Según "Don Mario", el único anhelo de ese
"ejército de servidores del Estado" que trabaja en las distintas dependencias
estatales y municipales repartidas por Montevideo es recibir "un aumento de sueldo que nunca
llegará", debido a la pesada maquinaria en la que están inmersos y que les
convierte en "prisioneros involuntarios de sus propios destinos", dice Benedetti.
Montevideo, a orillas del Río de la Plata -con una mezcla de aguas turbias de
río y más claras de océano- con algo más de un millón y medio de
habitantes, es el escenario natural en el que se mueven muchos de sus personajes, retratados a modo
de "instantánea" fotográfica por la pluma (mejor dicho, el ordenador
portátil) del autor, como en "La borra del café", de 1992.
Precisamente, la dedicatoria de esta hermosa novela "de lugares" fue ofrecida en su
momento por Mario Benedetti a sus traductores "que han tenido la paciencia y el arte de
reconstruir el habla y los silencios de mis montevideanos en más de veinte lenguas".
La ciudad, que muchos foráneos comparan a una "maqueta" a pequeña
escala de la gran Buenos Aires, la hermana "mayor" del otro lado del "charco",
alberga en todos sus rincones pinturas "benedettianas" como el "Café
Brasilero", a pocos metros de la catedral, en la "Plaza Matriz", lugar que frecuenta
también el escritor uruguayo Eduardo Galeano ("Las venas abiertas de América
Latina", 1971).
"Montevideo es una ciudad de un clima y un estilo de vivir
casi provincianos, donde todos los forasteros se encuentran a gusto", dice en entrevista con
la Agencia Alemana de Prensa (dpa), el autor de "La Tregua" (1960), "Gracias por el
Fuego" (1965), "Andamios" (1996), "Buzón de Tiempo" (1999) o
"Rincón de Haikus" (2000), entre otras obras.
Benedetti, que en breve
publicará conjuntamente en Argentina, México y España su nuevo libro de
poesía "El mundo que respiro", asegura -entre risas- que "cada vez siento
más ganas de quedarme en Montevideo y renunciar al 'peregrinaje' semestral al que suelo
dedicarme, como las cigüeñas. Me gusta este 'paisito', y cada vez estoy más
identificado con la ciudad, un sentimiento que comparte Luz" (su mujer). "Lo de la
búsqueda del buen tiempo, también tiene que ver con mi asma, que no me
abandona", se lamenta.
"Yo soy una mezcla, como casi todos los uruguayos.
Tengo abuelos y abuelas paternos italianos, de Foligno, en Umbria, en el centro de Italia, pero
también tengo sangre española", dice Benedetti, Premio Reina Sofía de
Poesía en 1999, al tiempo que asegura que "últimamente cada vez me encuentro
más a gusto en 'mi' ciudad, a pesar de que Madrid (donde posee un 'piso', o apartamento)
también me encanta".
Para el escritor, "Montevideo tiene algo especial
que hace que te encuentres bien. Es como si fuera una capital de provincia pero que no tuviera una
capital mayor a la que referirse. Hubo épocas más doradas para la ciudad, pero
tristes también como durante el período de facto", asegura Benedetti.
"La dictadura uruguaya (1973-1984) dejó unas secuelas muy importantes. Por ejemplo
nos dejó una herencia de mezquindad en la relación con la gente que antes no
existía. Había mucha más solidaridad que ahora. Incluso los militares de antes
de la dictadura tenían un estilo más cívico y democrático",
subraya el autor del concepto de "desexilio", tras haberse visto obligado a abandonar su
país y exiliarse por su activa militancia en la izquierda.
La Agencia Alemana de
Prensa (dpa) se ha asomado al balcón de la denominada en los años cincuenta
"tacita de Plata" y ha recorrido algunos de los "lugares benedettianos" que el
autor recoge en sus libros, como la calle Capurro, donde Benedetti vivió varios años
junto con su familia, el parque del mismo nombre, donde jugó de niño, o algunos de
sus rincones predilectos como la "Rambla" o el barrio de "Reus", cerca del
"cerro", el punto más elevado de la ciudad y del que -según los cronistas-
proviene el nombre de la ciudad.
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