Lunes, 20 de noviembre de 2017

El despertar de la escritura femenina
española

31/01/2013
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Javier López Iglesias, HoyEsArteLa Biblioteca Nacional de España (Madrid) acoge la exposición El despertar de la escritura femenina en lengua castellana, en la que se presentan los retratos y las obras de las primeras españolas que se atrevieron a tomar la pluma, desde Santa Teresa de Jesús, a Sor Ángela de la Cruz, Luisa Sigea, Olivia Sabuco, Sor Marcela de San Félix, María de Zayas...La escritora Clara Janés, comisaria de la exposición, recuerda que «las primeras escritoras españolas lo tuvieron muy difícil para salir adelante, porque vivían en una sociedad machista, pero, afortunadamente, sus obras han llegado hasta nosotros para que las juzgue la historia como se merecen».Florece la literaturaJanés y la directora de la BNE, Gloria Pérez-Salmerón, han explicado que a lo largo de la visita se ve florecer la literatura femenina en los conventos, tanto en la prosa (Santa Teresa de Jesús) como en la poesía (Sor María de la Antigua) o el teatro (Sor Marcela de San Félix), pero también gracias a mujeres que se presentaban a certámenes literarios o sumaban sus escritos a libros colectivos realizados con motivo de homenajes o celebraciones. En este apartado se encuentran pioneras como Isabel de Villena, Florencia Pinar, Luisa Sigea, María de Zayas, Luisa de Carvajal, Ana Caro, Olivia Sabuco, Juliana Morella, Isabel Rebeca Correa o Cristobalina Fernández de Alarcón.Ya en el siglo XV, explica la comisaria, algunas escritoras vieron sus textos publicados. «Unas habían renunciado al mundo, como fue el caso de la abadesa Isabel de Villena, hija natural del marqués de Villena, que empleó en sus textos el latín y el valenciano. Otra, Florencia Pinar, vio uno de sus romances recogido por Hernando del Castillo en su Cancionero General. Por su parte, Luisa Sigea fue víctima de la impostura literaria, pues Nicolá Chorier firmó con su nombre un libro de carácter erótico y de mal gusto, titulado La academia de las damas».Santa TeresaTeresa de Cepeda y Ahumada, a la que se conocería con el paso de los años como Santa Teresa de Jesús, dejó una inmensa obra, y su personalidad y fuerza creadora quedaron reflejadas no solo en sus escritos, sino también en el rigor y la altura que supo infundir a las religiosas que estaban a su lado. Al no ser bien vista por la Inquisición, su obras fueron quemadas, y algunas de sus discípulas, como es el caso de Sor Ana de San Bartolomé y Sor Ana de Jesús, tuvieron que refugiarse en otros países.De y sobre Santa Teresa, fundadora de los monasterios de monjas y fraile carmelitas descalzos, se pueden contemplar en la exposición de la BNE obras como Camino de perfección, Conceptos del Amor de Dios y la Carta de Santa Teresa de Jesús a doña Isabel Osorio.Mujer y educaciónSor Juana Inés de la Cruz y María de Zayas destacaron por su defensa a ultranza de derecho de la mujer a la educación. La segunda, en el prólogo de su libro Novelas amorosas y ejemplares (considerado el «Decamerón español») expresa con cierta ironía su preocupación ante el posible menosprecio de sus escritos por deberse a una pluma femenina.Por su parte, cuenta Janés, «Sor Juana escribía poemas y destacaba por su gran inteligencia. Tras publicar su Carta Atenagórica fue considerada poco devota por las jerarquías eclesiásticas, que le llevaron a juicio, y acabó por abjurar, viéndose obligada a abandonar la vida pública y a no editar sus escritos».Otra literata, Olivia Sabuco, mereció los apelativos que le dieron sus contemporáneos: Honor de España y Musa Décima, otorgado éste último por el mismísimo Lope de Vega. Fue la descubridora del líquido raquídeo y recogió su saber en el libro Nueva filosofía de la naturaleza del hombre, no conocida ni alcanzada de los grandes filósofos antiguos.Lope defensorCristobalina Fernández de Alarcón ganó numerosos certámenes literarios, lo que le trajo la antipatía y la envidia de Góngora y Quevedo, pero también la admiración de Lope. En el campo teatral destacó Ana Caro, quien recibió numerosos encargos literarios por parte de la nobleza sevillana y madrileña del siglo XVI.«A Lope de Vega le cabe el honor de reconocer y rendir homenaje en algunos de sus escritos a la literatura femenina. Como muestra, en su Laurel de Apolo, aparecen desde Safo y Pola Argentaria a Cristobalina Fernández de Alarcón, Juliana Morell, Santa Teresa de Jesús, María de Zayas, Amarilis, Vittoria Colona y Laura Tercina. Es muy de agradecer esta actitud en un ambiente y una sociedad tan marcadamente machistas», apostilla Clara Janés.