Sábado, 18 de noviembre de 2017

Critican inmersión
lingüística en el valenciano

20/03/2011
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Las ProvinciasPor José Ramón Atienza, catedrático de la Universidad Politécnica de ValenciaRecientemente se han publicado los resultados de una encuesta a padres de alumnos de la Comunidad Valenciana. Sólo un 7'8% prefiere que domine el valenciano en la enseñanza, sin embargo, el presidente de la Plataforma Valenciana por la Libertad Lingüística recordó que, de los 150 centros públicos de la provincia de Castellón, en 140 «tienen únicamente programas de inmersión puros y duros en valenciano».La inmersión en valenciano la está forzando un grupo de presión minoritario que domina la administración educativa. El resultado final es conocido: se utilizan los impuestos de todos para imponer los valores de unos pocos.No se puede negar que el valenciano es un bien cultural y una seña de identidad, pero, si lo convertimos en prioritario, también será un lastre que frenará el desarrollo personal y el colectivo. No es cierto eso de que «el saber no ocupa lugar», claro que lo ocupa, no se puede saber de todo, además, el tiempo es un bien escaso y no lo podemos malgastar.Si triunfara la política de inmersión en valenciano, estaríamos volviendo a la aldea y ahora hay que ser más universales. Lo más estúpido es que recorreríamos el camino inverso al que siguieron nuestros mayores, a lo que parece, mucho más perspicaces que los docentes de ahora. Desde el siglo XVI, los mejores valencianos, la historia les denomina como el 'pueblo culto', vienen hablando y escribiendo en la lengua castellana. La lengua valenciana tuvo su momento en el siglo XIV y, sobre todo, el siglo XV, luego su uso escrito paso a ser minoritario, aunque se conservó su habla por el denominado 'pueblo llano'. En su momento, la transición fue un proceso natural, sin imposiciones, supongo que en el siglo XVI era más útil la lengua del imperio, es decir, la lengua de Castilla. Ahora es la lengua de todos los españoles, incluidos los valencianos, y mucha más gente repartida por todo el mundo. El español, así es como se conoce al castellano fuera de España, sigue siendo una apuesta de futuro. Abandonar una lengua universal para recuperar una minoritaria puede ser muy emotivo: seguramente lo pedirá el corazón, pero es poco útil. Las decisiones importantes hay que meditarlas con la cabeza. Los errores se pagan, sobre todo como individuos, pero también lo pagaremos como pueblo.La inmersión en valenciano la iniciaron los socialistas, su especialidad es financiar, con los recursos públicos, ideas que suenan bien pero que son poco prácticas. Ahora los populares no se atreven a imponer un poco de cordura.Supongo que volverá a ocurrir lo de siempre, los ciudadanos con recursos se salvarán de la quema: enviarán a sus hijos a centros privados con inmersión en francés, ingles o alemán, así estarán preparados para el mundo global en el que estamos inmersos; la mayoría, por el contrario, pasarán por el aro de la inmersión en valenciano, que es lo que se ha impuesto en la enseñanza pública, más adelante, cuando salgan de su pueblo, verán que fuera son analfabetos funcionales sin una preparación adecuada. Mi esperanza es que ese día regresen, identifiquen a los responsables de su situación y los maldigan públicamente: es lo que se merecen, porque, con el experimento de la inmersión, les han hurtado un avance social, el aprendizaje del castellano, que es lo que les hubiera puesto en condiciones de competir con las clases dirigentes.