Jueves, 23 de noviembre de 2017

Controversia por el catalán llega a
los bares

15/11/2009
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Broncas en las cafeterías y desprecio a los inmigrantes que se expresan en español, mientras Gobierno, partidos políticos y Justicia miran hacia otro lado.

Mientras Zapatero sigue fingiendo que en Cataluña hay libertad lingüística, y el PP celebra su convención en Barcelona haciendo guiños al nacionalismo que, interesadamente, presupone moderado, y la Justicia no logra que se cumpla en Cataluña ni una sola de sus sentencias, los ciudadanos malviven la artificialidad de una situación lingüística impuesta.Sucedió en un bar del municipio barcelonés de Masnou. El cliente llamó al camarero por su nombre, Jaime, pero este se encolerizó porque no le había llamado Jaume. Jaime ha explicado que «un amigo del propietario» fue al restaurante y se dirigió a él «de una forma desagradable», es decir, llamándole Jaime. El camarero le dijo que su nombre era «Jaume y no Jaime». Según el sensible empleado del restaurante, el cliente «me dijo que me llamaba Jaime porque le salía de los huevos».El camarero se ha justificado argumentando que se sintió atacado y ofendido, a lo que el cliente, siempre según la versión del empleado del restaurante, le contestó que era «un catalán de mierda y un gilipollas». Se desconoce la versión del cliente.El propietario del restaurante exigió al camarero que se excusara o recibiría una sanción. Jaime no quiso pedir disculpas porque se sentía «ofendido» y el propietario del local suspendió al trabajador una semana de empleo y sueldo.El camarero dice ahora que «la empresa no defiende al trabajador» y que se siente «incomprendido». Hace algún tiempo El Periódico publicó una carta firmada por Laia Boada: «El domingo, 25 de noviembre, estaba desayunando en una cafetería de Barcelona cuando una voz grave y rotunda nos deseó buenos días. Era el señor Carod-Rovira. Una vez hecho el saludo, se dirigió a la camarera, de un evidente aspecto suramericano, y le preguntó, en catalán, si tenía que pedir en la barra o se sentaba y le tomaban nota. La camarera no contestó, en un gesto claro de no entender el catalán. Entonces, Carod-Rovira le soltó: Parlais vous français?, pregunta que la camarera ni entendió, ni contestó. Me dio vergüenza ajena, como barcelonés, como catalán y, sobre todo, como persona».La querencia del nacionalismo por las barras y los camareros no se circunscribe a los etnicistas catalanes. En su penúltima visita a Chile, el ex presidente regional vasco, Juan José Ibarretxe, se reunió con la presidenta, Michelle Bachelet, y en el curso de la conversación le comentó despectivamente que «España es un país de camareros».En otro periódico catalán, Avui, apareció esta otra muestra de intolerancia:«Dejé de ir a un supermercado porque un día que buscaba un producto, me dijeron que lo preguntara a un empleado y me respondió: "No entiendo el catalán". Yo el contesté que se buscara un intérprete porque yo no hablaba el castellano, y ya no he vuelto más. Me harto de predicar entre mis amistades que no hablen castellano cuando una persona les habla en esa lengua». En Diari de Girona, otro "intelectual" del nacionalismo, Jaume Fábrega, urgía a convertir todos los nombres propios y apellidos en algo que al menos pareciera catalán. Sus "argumentos" conducían alegremente al más puro racismo al concluir que tener un nombre español constituye «la marca del esclavo»:«No tener el apellido correctamente escrito en nuestra lengua, es decir, castellanizado, es la marca del esclavo. A muchos pseudocatalanes también les va bien el nombre en castellano. Es seguro, por lo tanto, que todavía podremos disfrutar, durante generaciones, de la impronta española o francesa —una verdadera "marca del esclavo" en la mayor parte de los apellidos de los Países Catalanes».