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La despedida de Adolfo Bioy Casares, el gentleman de la literatura fantástica Por Gabriela Mayer, Deutsche Presse-Agentur (dpa) El argentino Adolfo Bioy Casares, uno de los grandes escritores de habla hispana y Premio Cervantes 1990, falleció hoy a los 84 años en Buenos Aires, luego de una serie de complicaciones respiratorias y coronarias debidas a su avanzada edad.
Bioy siempre se sintió seducido por lo fantástico: consideraba que, aparte de haber dirigido su vida, no había nada mejor que adormecer en un principio al lector y sorprenderlo luego.
Para explicar su atracción por la literatura fantástica, que en sus libros se entrelaza con lo cotidiano, Bioy solía remitirse a la primera experiencia fantástica que le ofreció la realidad, durante su infancia: un espejo trifásico que era propiedad de su madre.
Su consagración literaria se produjo con "La invención de Morel" (1940), considerada una obra maestra de la literatura fantástica argentina, y en la cual un fugitivo llega a una isla desierta, en la que luego aparecerán otros seres humanos cuya existencia se revelará como virtual.
A esa novela, que su amigo Jorge Luis Borges calificó de "perfecta", le siguieron otras como "El perjurio de la nieve", "Plan de evasión", "La trama celeste", "El sueño de los héroes" y "Diario de la guerra del cerdo", entre otras. Varias de ellas fueron adaptadas y llevadas al cine.
Bioy conoció a Borges a principios de la década del treinta, y su larga amistad redundaría en varias antologías de la literatura fantástica y policíaca, así como en la creación de un escritor imaginario, "H. Bustos Domecq", seudónimo con el que publicaron "Seis problemas para Isidro Parodi".
Pero entre sus logros comunes también se cuenta la anecdótica redacción de un folleto comercial sobre las bondades del yogur, allá por 1937. "Nos reíamos a carcajadas cuando escribíamos", contaba Bioy.
Nacido el 15 de septiembre de 1914 en Buenos Aires en un hogar de clase alta, y considerado por varias generaciones de mujeres como "el hombre más buen mozo de Buenos Aires", Bioy amó a numerosas mujeres.
Siempre tuvo una comprobada fama de seductor, aunque alegaba que su vida amorosa "ha sido fracaso tras fracaso".
"Mi vida ha sido la literatura y las mujeres, que es lo que más me ha gustado. A mí las mujeres me han ayudado mucho. Algunos de los cuentos que he publicado me los han contado mujeres o han nacido de una experiencia con ellas", confió alguna vez en una entrevista.
Bioy, quien estuvo casado con la escritora Silvina Ocampo, explicaba: "En general tiendo a ser amigo de las mujeres más bien
Son en general menos centradas en ellas mismas que los hombres, que me cansan un poco".
Su compatriota Julio Cortázar llegó a decir, según refería años después Bioy, que "le gustaría que el libro que (entonces) estaba escribiendo lo escribiera él, porque sobre mujeres, quien escribía mejor era él".
El autor, quien en sus presentaciones públicas hacía gala de una impecable memoria y un fino sentido del humor, se definió alguna vez como "dueño de una cortesía atenta y una elegancia un tanto anticuada, propia de un gentleman argentino".
Tras 70 años de dedicación a la literatura, afirmaba que no se podía concebir un destino diferente al del creador de historias, que emanaban de su esferográfica y casi nunca de una máquina de escribir.
"Me gusta muchísimo escribir, no puedo imaginar otra cosa", aseguraba. Y en cuanto a la muerte, estaba convencido de que la literatura era un modo de sortearla, una esperanza.