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Publicada en Jornal do Brasil el 10 de mayo de 1997 "La dictadura nos dejó un legado de mezquindad" Por Marcia Carmo
Una de las primeras novelas del escritor uruguayo de 76 años
Mario Benedetti, Gracias por el Fuego no parece haber
sido publicada en 1965. Editada en 20 idiomas, es presentada ahora
en Brasil con su título español. Gracias por
el Fuego habla de la crisis moral y de una generación
que quiso acabar con la corrupción, la violencia y el conformismo.
Benedetti, que fuera perseguido por la dictadura y se exiliara
durante 12 años, acaba de presentar en Buenos Aires su
último libro, Andamios, donde narra la historia de un ex
exiliado que se esfuerza por reinsertarse en el escenario de su
propio país.
El escritor uruguayo, uno de los más leídos de
América Latina, habla a Jornal do Brasil sobre la trayectoria
política de sus libros, entre ellos, La Tregua,
cuya versión cinematográfica fue nominada al Oscar
a la mejor película extranjera.
Pero hoy prefiere analizar la vida cotidiana del mundo democrático.
Con voz tranquila, matizada de sonrisas, Benedetti critica la
iniciativa del Mercosur. Dice que esta integración, "muy
preocupada con los índices económicos", está
convirtiendo el foso entre ricos y pobres en un verdadero abismo.
Para él, la terrible lucha contra el régimen militar
no fue triste sólo por su saldo de muertos y torturados
sin porque, de alguna manera, hizo al mundo más mezquino,
más hipócrita y menos solidario.
Gracias por el fuego, que Ud. escribió hace 32 años,
llega ahora a Brasil, mientras su último trabajo, Andamios,
cuenta la historia de un ex exiliado, que se parece mucho
a su propia trayectoria.
Sí, pero esto es lo único que tengo en común
con Javier, el personaje central de esta historia. Quisiera que
alguien me explicara por qué la gente siempre piensa que
las novelas son autobiográficas
Pero Javier, como usted, es uruguayo y vivió años
en el exilio.
Es claro que hay cosas en común. Estuve exiliado en Argentina,
Perú, Cuba y España. Entendí bastante cómo
vivían los exiliados uruguayos en el exterior y al volver
al país comprendí, como el personaje, que mucha
cosa había cambiado. Y el que vuelve del exilio tampoco
será más el mismo. Hay encuentros y desencuentros
con su propio país. Creo que la dictadura dejó una
de los peores legados, además de las torturas y las muertes.
Dejó el legado de la mezquindad; la gente perdió
un poco el sentido solidaridad que antes era muy fuerte.
¿Por miedo?
No lo sé. La situación económica ha empeorado
tanto que la gente está preocupada en ganarse la vida.
Hay gente que para poder sobrevivir tiene tres empleos, mientras
otros no tienen ninguno. Hay mucho desempleo y creo que esta idea
del Mercosur es un cuento chino.
¿Ud. no es partidario de la integración?
Estoy a favor de la integración, pero en contra de las
que son hechas por gobiernos de derecha, que sólo piensan
en beneficiar sus propias clases. Es fantástico que mejoren
el producto bruto interno y yo qué sé que otros
índices. Pero los pobres están más pobres
y los ricos, más ricos. Creo que el Mercosur va a ampliar
ese foso. Creo que lo va a convertir en un abismo. Está
ocurriendo aquí lo que pasó en Europa con el Tratado
de Maastricht. Creo que son cosas que sólo interesan a
los grandes capitalistas. La llamada globalización de la
economía es una globalización de los grandes capitales.
Además, esta manía de la privatización. Todo
se privatiza y esa onda me parece negativa.
En su opinión, esa mezquindad de hoy ha dejado de lado
la cuestión social?
Hoy, por primera vez, soy bastante pesimista, a pesar de haber
sido siempre un optimista por vocación. Creo que si la
humanidad sigue por ese camino llegará al suicidio.
¿Realmente?
Sí, si sigue por ese camino de la globalización
dela economía, junto con la globalización de la
corrupción. Hay corrupción en todos los países
del mundo. Además, la violencia sigue engendrando violencia.
En relación a la pena de muerte, por ejemplo, hicieron
un escándalo porque en Cuba mataron cinco personas en quince
años. Y en Estados Unidos hay 2.200 condenados a muerte.
Matan casi uno por semana.
Ud. habla igual que la generación que describe en Gracias
por el fuego, mostrando una lucha contra la corrupción,
por los derechos humanos, en fin
es una crónica de
impotencia colectiva, un inventario de la crisis moral. Y el libro
fue escrito en 1965.
Es que muchas cosas siguen igual que antes, con la diferencia
de que hoy todo es más hipócrita. Además,
la frivolidad ha entrado en la vida de la sociedad como un programa.
La frivolidad está en las músicas para los jóvenes,
en las series de televisión. Es como si hubiera una operación
de frivolidad para neutralizar a los jóvenes. Los cambios
siempre salen de la juventud.
¿Cómo es esa campaña?
Desde los programas de televisión hasta las novelas o las
campañas publicitarias. No muestran la pobreza, las favelas,
muestran siempre paisajes espectaculares como ideal. Hipocresía.
El Mercosur sigue el mismo camino al hacer propaganda de las cifras
del PBI, de las importaciones y de las exportaciones. Y nadie
habla de los miserables, de los que están pasando hambre,
de los profesores con sueldos terribles. En Montevideo, un profesor
de Secundaria gana 350 dólares por mes.
¿Qué sugiere Ud. para mejorar?
Creo que esas cosas vienen de abajo. Como las marchas y las manifestaciones,
por ejemplo. Cosas que rompan con este sistema. Porque la falta
de vivienda, de trabajo, de tierra representa la represión.
Y viene de arriba. Eso es violencia.
¿Vio usted en televisión las imágenes de
policías torturando en Diadema, Sao Paulo?
Lo supe. Y aquí en Buenos Aires también ocurrió
la muerte del fotógrafo José Luis Cabezas. Parece
que fue la policía. Eso es terrible. En Uruguay hay mucha
delincuencia en las calles, pero ¿qué puede hacer
una persona que no tiene qué comer, que no tiene nada?
No voy a justificar la delincuencia, pero una de las raíces
de la delincuencia es el hambre.
Artistas e intelectuales que como Ud abordan cuestiones políticas
y, de alguna manera, angustias y persecuciones sociales, ¿puede
hacer algo?
Sí, pero el poder de los gobernantes nunca se siente influenciado
por los intelectuales o los artistas. En la extrema derecha, generalmente
los expulsan, torturan y matan. El neoliberalismo, en cambio,
cree que artistas e intelectuales son objetos decorativos. A
los políticos les gusta sacarse fotos al lado de un escritor
o de un pintor pero no le dan la menor importancia. Y hasta la
propia izquierda usa a los intelectuales y artistas. En el terreno
político, nadie da importancia a lo que piensan. Eso no
quiere decir que uno no hace lo que puede. Podemos cambiar la
mentalidad de la gente, pero no vamos a liderar ninguna transformación.
Nunca supe de una revolución hecha con un soneto, con una
obra de teatro. Ni se derrocó ninguna dictadura con un
cuento. Los intelectuales participan en los movimientos, pero
no pueden cambiar la vida. El poder siempre desprecia al intelectual
y lo considera peligroso.
¿Qué piensa del gobierno del presidente Fernando
Henrique Cardoso que Ud conoce como intelectual?
Lo conocí cuando fue jurado del Premio Casa de las Américas,
en Cuba. Es realmente un intelectual, un tipo muy capaz, muy inteligente.
Pero, evidentemente no está haciendo el gobierno que esperábamos.
No sé, es difícil evaluar a un hombre de izquierda
que llega al gobierno llevado por un partido que no es de izquierda.
Creo también que él debe estar sufriendo presiones
descomunales, tremendas. Creo que alguien que es progresista pero
no tiene un partido progresista atrás tiene precisa un
valor propio, una osadía tremenda para llevar adelante
sus propias convicciones. No sé si todos pueden hacerlo,
no sé si Fernando Henrique Cardoso puede hacerlo.
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