Rafael Lapesa
VOCABULARIO
1. El léxico general americano abunda en palabras y acepciones que en
España pertenecen sólo al lenguaje literario o han desaparecido. Característico
es el uso de lindo, como en el
español peninsular del siglo XVII, en lugar de bonito o de hermoso.
Propias del Siglo de Oro y olvidadas o decadentes en España son bravo ‘irritado’, liviano ‘ligero’, pollera
‘falda’, recordar ‘despertar’, esculcar ‘registrar, escudriñar’, aguaitar ‘vigilar, acechar’, escobilla ‘cepillo’, barrial ‘barrizal’, vidriera ‘escaparate’ (v. § 985 n. 91), prolijo ‘minucioso’, ‘esmerado’, retar ‘reprender, reñir’, afligir ‘preocupar, inquietar’ y muchas
más. Como era de esperar, abundan los andalucismos: entre otros amarrar ‘atar’, calderetero ‘calderero’, frangollón
‘el que hace las cosas deprisa y mal’, guiso
‘guisado’, juma y jumera ‘borrachera’, limosnero ‘pordiosero’, ñoña ‘excremento’, panteón ‘cementerio’. También es importante la contribución
canaria, sobre todo en los países del Caribe: atacarse ‘sentirse afectado por un dolor o enfermedad’, ensopar ‘mojar, dejar hecho una sopa’, botarate ‘manirroto, despilfarrador’, cerrero ‘tosco, inculto, retraído’, parejero ‘el que se toma confianzas
indebidas’, mordida ‘mordisco’ y
otros muchos. Gran cantidad de voces americanas procede el Oeste peninsular:
leonesismos seguros son andancio, carozo,
fierro, furnia, lamber, peje, piquinino; galleguismos o lusismos, bosta, cardumen, laja; muy
probables occidentalismos, botar ‘arrojar’,
soturno (ambos existentes en
Canarias), fundo, buraco, pararse ‘estar
de pie’, etc. No ebe sorprender la importancia de esta contribución léxica occidental:
el contingente de los extremeños, leoneses y asturianos que pasaron a América
hasta 1579 fue el segundo en número, casi dos tercios del de andaluces y muy
superior al de castellanos viejos, vascos y navarros juntos; téngase en cuenta
además que casi el 80% de andaluces procedía de Sevilla, Huelva, Cádiz y sus
provincias, adonde llegan, a través de Extremadura, muchos leonesismos, y que
leonesismos y lusismos abundan en el léxico canario. Asociación Cultural Antonio de Nebrija - © 1996-2008 - Derechos Reservados / Editor: Ricardo Soca
2. Desde fecha muy temprana se observan cambios semánticos que muestran
la adaptación del vocabulario español a las condiciones de la vida colonial. Ya
en la Española, primera instalación de los conquistadores, nacieron estancia ‘granja’, quebrada ‘arroyo’, aparte de la aplicación de nombres españoles a
la fauna y flora de América. Muy importante es la huella de las navegaciones en
el léxico hispanoamericano: el lenguaje marinero procede el empleo de abra ‘puerto de mar’ (< francés havre) para designar el paso entre
montañas, así como el uso metafórico de flete
por ‘caballo’; mazamorra ‘galleta’ se
aplicó a los puches de maíz que hacían los indios; los viajeros se embarcan en el trem, ensenada equivale a ‘cercado, corral’ y playa a ‘espacio llano’, por ejemplo, el
destinado al aparcamiento de automóviles. Cambios especiales han tenido en
diversos países vereda ‘acera’, páramo ‘llovizna’, invierno ‘tiempo lluvioso’, verano
‘tiempo despejado’, volcán ‘corrimiento
e tierras, derrumbamiento’, en Centroamérica ‘montón’ («un volcán de maíz»). La adquisición e acepciones obscenas hace que en
unas áreas sean palabras vitanas no pocas que en el resto del mundo hispánico
mantienen su limpieza: coger es
malsonante en Argentina, Méjico, Venezuela y Cuba; acabar, en Argentina, Chile y Nicaragua, por lo menos; concha en Argentina, pico en Chile, bicho en Puerto Rico; por contrapartida, al Oeste del Atlántico se
emplean sin referencia sexual algunas que en España la tienen. El eufemismo
suscita en toda América usos traslaticios para eludir la expresión directa de
lo desagradable o temible: ultimar,
perjudicar, dejar indiferente sustituyen a matar; moreno a negro, trigueño a mulato; en
Argentina se recomienda transpirar
por sudar; la frecuencia e frases
ofensivas al pare o a la madre el interlocutor ha hecho que en muchas partes se
empleen papá y mamá fuera el ámbito familiar. La jerga hampona es distinta en cada
país y recibe diferentes nombres: en Méjico, hasta hace poco, sirigonza; en Perú, replana; en Chile, coa;
el lunfardo rioplatense ha adquirido
mayor influencia en el lenguaje popular y ha sido objeto de más estudios.
3. La formación de nuevas palabras es muy activa y pone en juego todos
los recursos de la derivación. Hay sufijos fecundísimos, como la terminación
verbal -ear > -iar (difuntiar ‘matar’, cueriar ‘azotar’, uñatiar ‘hurtar’, carniar ‘matar
reses’) y como -ada, que aparte de
nombres de acción (véase § 1331), forma numerosos colectivos (caballada, carnerada, potrada, muchachada,
criollada, paisanada). La afición por el neologismo se da en todas las
esferas sociales, desde el habla gauchesca hasta la literatura; en los
periódicos aparecen sesionar ‘celebrar
sesión’, vivar ‘dar vivas, vitorear’, etc. Todas estas
particularidades, juntas a la abundancia de voces indígenas, dan fisonomía
especial al léxico americano.
4. El extranjerismo es muy abundante en el Río de la Plata, como
consecuencia de la inmigración de gentes de todos los países, principalmente de
italianos. En las Antillas, Nuevo Méjico, Méjico, América Central y Panamá el
influjo anglosajón ha introducido muchas voces inglesas (overol ‘mono, traje de faena’ < o v e r a l l , chompa ‘cazadora’ < j u m p e r , cloche ‘pedal del embrague’ < c l u t
c h , troque ‘camión’ < t r u c k ,
aplicación ‘solicitud’ < a p p l i
c a t i o n, etc.). Y la orientación francesa que dominó en la cultura
americana durante el siglo pasado ha dejado buen número de galicismos (masacre, usina, rol, etc.).