principalrecomendamosnosotros contacto
El Castellano
  Sábado, 5 de julio de 2008 - 09:16 GMT

Idioma y Deporte
La web del castellano en los campos de juego



Google
 


LA PALABRA DEL DÍA
FUNDÉU
HISTORIA DE LA LENGUA
ARTÍCULOS
SPANISHPOINT
CURSOS
DICCIONARIOS
GRAMÁTICA
RADIOS
ESTADÍSTICAS
CONSULTAS
NOTICIAS DEL IDIOMA
ETIMOLOGÍA
NEBRIJA
DICC. ARG. ESPAÑOL
DEPORTES
PRENSA
DICCIONARIO BOTÁNICO

 

El español de América

Rafael Lapesa

Otros fenómenos morfológicos y sintácticos

En la morfología y sintaxis el español de América mantiene arcaísmos, pero también lleva adelante innovaciones que en el peninsular están menos desarrolladas, o inicia por su cuenta otras independientes.


1. En los países o regiones donde la /-s/ final llega a perderse, su caída origina importantes cambios en los morfemas nominales de número: éste puede indicarse mediante diferencias de timbre o cantidad en las vocales finales, campo/campo, casa/casa: (v. § 1303); ensordeciendo la consonante inicial, la bota/la jota, la gayina/la hayina o la xayina; oponiendo ausencia o presencia de /-e/ final (</-es/), mujer/mujere, árbol/árbole, papel/papele; valiéndose del artículo u otros determinativos antepuestos a nombres masculinos, el peje/le peje, ese perro/eso perro; o se expresa únicamente con el morfema verbal de número, la cosa ‘tá buena/la cosa ‘tán buena. Todo esto ocurre igual en el Mediodía de España y en Canarias; pero en el español dominicano el vulgarismo, extendido en los últimos decenios a niveles sociales antes libres de él, ha ido más lejos: por una parte ha creado nuevos alomorfos de plural, como el se pospuesto e gallínase, mucháchase, cásase, procedente de la oposición cru ‘cruz’/cruse(s), sofá/sofase(s), pie/piese(s), lapi/lápise(s), o como la aspiración o /-s/ protéticas de hamigo ‘amigos’, soho ‘ojos’, cuyo origen es la /-s/ de artículos y determinativos en plural, pero antepuestas a sustantivos que no los llevan (ocho hestudiante); por otra parte la concordancia numérica sufre grave y frecuente quebranto: «los rayos del sol se iban haciendo cada vez más débil».

En españa se suele preferir el singular cuando varios sujetos realizan la acción verbal con el mismo miembro, instrumento, etc., respectivo, o cuando la acción afecta a varios objetos en la misma parte o pertenencia de cada uno («pidieron la palabra levantando el brazo», «doblaron la rodilla», «aquellas quejas nos partían el alma»). Pero en otro tiempo se usó más el plural: doña Sol exclama en el Poema del Cid «cortandos [‘cortadnos’] las cabeças, mártires seremos nós». En el español de América abunda mucho el plural: «los peones movieron las cabezas y se miraron»; «los paisanos se quitaron los sombreros»; «y volvieron a beber hasta que se les hincharon los vientres». En Argentina, Chile y El Salvador —probablemente en otros países también— subsiste el plural las casas con el valor de ‘la casa’, como en español medieval y clásico. Hay algún ejemplo argentino de los palacios por ‘el palacio’. Más extensión tienen los campos ‘el campo’, los pagos ‘el pago’; la expresión por estos pagos es hoy corriente en España.

En cuanto al género, si en España se forjan a menudo terminaciones femeninas para nombres que por su forma escapan a la distinción genérica (huéspeda, comedianta, bachillera), o masculinas para los terminados en /-a/ (modisto), en distintos países de América se dice antiguallo, hipócrito, pleitisto, feroza, serviciala, federala, sujeta, bromisto, pianisto, etc. En los sustantivos postverbales es de notar la preferencia americana por el vuelto, el llamado, según uso español clásico, en vez de la vuelta (de una cantidad superior al precio), la llamada, normales hoy en la Península. No obstante, los sufijos -ada e -ida son en América muy productivos en nombres de acción y efecto (atropellada ‘atropello’, insultada ‘insulto’, conversada ‘conversación’, asustada ‘susto’, encogida ‘contracción’, conseguida ‘consecución’, logro, obtención, etc.) desconocidos en España. De los sufijos diminutivos españoles, -illo, -ete e -ín apenas se emplean como tales en América: abundan, sí, en derivados cuya noción no es la misma de los primitivos correspondientes (tinterillo ‘abogado picapleitos’, frutilla ‘fresa’, conventillo ‘casa de vecindad’, gallineta ‘gallo de plumaje parecido al de la gallina’, volantín ‘cometa’); el que tiene verdadera vitalidad para formar diminutivos es -ito, usado con gran profusión (patroncito, ranchito, platita, ahorita > aurita y orita, allicito, yaíta) e incluso repetido para reforzar la expresividad (ahoritita, toditito). En este refuerzo el habla de las Antillas y Costa Rica, así como la de los indios del Ecuador, añade -ico al primer -ito (chiquitico, hijitico, toditico > tuitico, ahoritica), por lo que los costarricenses reciben de los demás centroamericanos el dictado de hermaniticos o ticos; también se agrega -ico a palabras en cuya última sílaba hay una /t/ (zapatico, latica, potrico, ratico), y sin ella, en los antropónimos antillanos Juanico, Manuelico; toitico se usa además en Venezuela y Chile, y todico, junto a todito, en Ecuador; La inserción de infijos no se da siempre en los mismos casos que en España (viejito, cuentito, mamacita, indiecito, rubiecita, farolcito). El aumentativo -azo se prodiga con valor ponderativo y afectuoso (amigazo, lindazo, paisanazo) y desde Méjico a Chile y el Río de la Plata se emplea para formar superlativos («venía cansadazo», «la mujer estaba enfermaza», «con la pocaza riqueza que tenía»).

El adjetivo se usa como adverbio con más frecuencia que en España: «nos íbamos a ir suavecito» «¡qué lindo habla!», «fácil se va hoy de la capital a Flores», «caminaban lento».


2. Desde Centroamérica hasta el Perú el habla vulgar emplea el pronombre yo como término de preposición: «el mal será para yo», «se rieron de yo», «le gustaba bailar con yo», «lo que a yo me gusta». En la lengua escrita, él, ella y sus plurales, referidos a cosas, aparecen sin preposición con más frecuencia que en España: «Las fumarolas de Cerro Quemado son numerosas y abundantes. Ellas emanan de grietas», «Y el árbol poderoso fue comido / por la niebla, y cortado por la racha. / Él sostuvo una mano que cayó de repente». El neutro ello se conserva en Santo Domingo y Puerto Rico como sujeto impersonal («ello es fácil llegar», «¿ello hay dulce de ajonbolí?»), como refuerzo de afirmaciones y negaciones («¿pero tú no estuviste? —Ello sí»; «parece que va como triste el amigo. —Ello no»), como expresión de vago asentimiento (¿quieres bailar? —Ello» ‘bueno’) o evasiva («¿qué remedios… han administrado ustedes al niño? —Eyo, dotol»). En las Antillas, Panamá y Venezuela el pronombre sujeto se interpone a menudo entre el interrogativo y el verbo: «qué dices?», «¿por qué usted quiere que las cosas sucedan así?», «¿cómo te llamas?», «¿dónde yo estoy?»; en el Río de la Plata: «¿por qué vos querés que yo juegue?», «¿por qué usted dice que yo soy el culpable?»; tal estructura interrogativa exista también en el Norte de León y Palencia, abunda en Canarias, se encuentra en nuestros clásicos («no quieras que se descubra quién eres», Celestina, acto XII) y cuenta con precedentes latinos («quid tu hominis es?», Plauto; «nam quid e g o de studiis dicam?», Cicerón).

Conforme al uso andaluz y en oposición al castellano, el español de América emplea normalmente los pronombres le, lo, la y sus plurales con su valor casual originario. No es que falten ejemplos de le acusativo masculino y de la dativo femenino referidos a persona, pero están en exigua minoría. Se exceptúan el habla ecuatoriana, que se vale de le, les para dativo y acusativo masculino y femenino («le encontré acostada»), y la paraguaya, que usa le para los dos casos, sin distinguir singular de plural. El dativo le por les está muy difundido por toda Hispanoamérica, igual que en España, sobre todo cuando anuncia o repite otra mención el objeto indirecto en la misma frase («le cambiaba el alpiste a los canarios», «¡a cuántas muchachas le habrá dicho usted eso!»). Por el contrario, cuando en la combinación se lo, se la va indicado por medio de se un objeto indirecto plural no reflexivo, es frecuente añadir una /-s/ al segundo pronombre para expresar la pluralidad a que se refiere el primero invariable: «con cariño se los digo,  recuerdenló con cuidado» (Hernández, Vuelta de Martín Fierro, 4747); «eso pasó como se los digo a ustedes», «la advertencia se las hizo a todos». Abunda más que en España la mención redundante el objeto directo mediante pronombre («Santos la miró a Rosa», «ella lo amaba a Andrés»); pero se da también la omisión total del objeto directo, que se deja sobreentendido («¿le prendiste el cabo e vela a San Antonio? —No sé, yo le dije a Pepa» ‘yo se lo dije’; «¿les quitamos la carga a las bestias? —Les quitamos» ‘se la quitamos’). Por último los pronombres afijos terminados en vocal toman la /-n/ final de las terceras personas de plural verbales cuando se posponen a ellas, no sólo en demen ‘denme’, «delen dinero» ‘denle’, siéntesen o siéntensen, vulgarismos corrientes también en España, sino además en hágalón ‘háganlo’, míremelán ‘mírenmela’, etc., del Río de la Plata.

El posesivo se antepone al nombre en vocativos donde el español peninsular suele posponerlo («escuche, mi amigo», «ven acá, mi hijito»). Muy corriente es emplear el posesivo con adverbios, sustituyendo a de mí, de ti, de él, etc. (delante suyo, encima nuestro, en su detrás ‘por detrás de él’, «no ebo decir nada de él en su delante»). En zonas de Colombia, Ecuador, Bolivia y Noroeste de Argentina se conserva, como en la isla canaria de La Palma, el interrogativo cúyo: «estas sillas ¿cúyas son?», «¿cúya es esta casa?», «¿cúyo es este sombrero?».


3. Muy extendida está en América la personalización de los verbos impersonales haber y hacer; su objeto directo se convierte en sujeto y el verbo concierta con él: «hubieron desgracias», «habían sorpresas», «hicieron seis semanas», y hasta «en la clase habemos cuarenta estudiantes», «¿quiénes hayn adentro?». Se construyen como reflexivos enfermarse, soñarse ‘soñar’, devolverse ‘volver a un lugar’ y su sinónimo regresarse, los dos últimos a causa de su empleo transitivo con otro significado («me regresaron los diez pesos pagados de más»); para tardarse ‘demorarse’ hay precedente en las Glosas Emilianenses, «tardars’an por inpliré». Como en castellano antiguo y hoy en Galicia, Asturias, León y Canarias, el perfecto simple aparece dominantemente en los casos donde el español general e la Península prefiere el compuesto: «Buenos días. ¿Cómo pasó la noche?». Sin embargo en el habla culta de San Juan de Puerto Rico y en la de la ciudad de Méjico aumenta con intensidad creciente el uso del perfecto compuesto. En el Noroeste argentino y parte de Bolivia se emplea el compuesto hasta en casos que en toda España requieren el simple: «Cuando l’e visto antes de ayer, daba miedo, y m’a dicho que no saliría». Vine, hice, etc., presentan enfáticamente como un hecho consumado lo que se proyecta, ofrece, espera o teme para el futuro: «Para el miércoles próximo, ya lo mandé» (con menor expresividad se hubiera dicho ‘ya lo habré mandado’); otras veces sustituye al presente, como en «nos fuímos» por ‘nos vamos’ o en la exclamación ¡ya estuvo! por ‘¡ya está!. Mayor arraigo que en España tiene, entro del nivel literario, viniera, hiciera por ‘había venido’, ‘había hecho’ o por ‘vino’, ‘hizo’. Como imperfecto e subjuntivo, la forma en -ra se ha impuesto sobre hiciese, viniese, tuviese, cantase, casi excepcionales en el coloquio; subsiste, junto al condicional, en la consecuencia el período hipotético («no le guardara rencor si viniera a pedirme perdón pronto»), según uso característico del español clásico; también arrancan de la Edad Media y siglos XVI-XVII expresiones desiderativas como «¡me tragará la tierra!», «¡me condenara!» («O matador de mi fijo cruel, / ¡mataras a mí, dexaras a él!, Juan de Mena, Laberinto, 205); con ellas se conectan las de ruego o mandato, sobre todo en mostraciones: «vieras cuánto me preocupo por tu hermano». La capacidad invasora de la forma -ra le permite sustituir al perfecto de subjuntivo («quien lo viera salir, que lo diga» ‘quien lo haya visto’) y, con sentido de contingencia o duda, al condicional o al presente de indicativo («¿qué hiciera?», ‘¿qué haría?’ o ‘¿qué hago?’; «adónde fuéramos esta noche?» ‘¿adónde iríamos?’, ‘¿adónde podemor ir?’). Como postpretérito, en gran parte de Suramérica tiene fuerte competidor en el presente de subjuntivo, con ruptura de la tradicional correspondencia de tiempos: en la conversación argentina y en escritores chilenos, bolivianos y ecuatorianos se registran «fui a verla para que me preste un libro», «el enfermo seguía hablando sin que ninguno le escuche», «era preciso que sea un hombre de porvenir», «le informaron de lo peligroso de seguir adelante sin un guía que sortee los hoyos»; igual discordancia se halla siglos antes en Bernal Díaz del Castillo. Muy interesante es la conservación del futuro hipotético cantare, viniere en Puerto Rico, Santo Domingo, Norte de Colombia, Venezuela y Sierra del Ecuador; pervive también en Canarias y corresponde a la más antigua expansión del español atlántico.


4. Las perífrasis se extienden a costa del futuro: he de contar, va a decir restringen el uso de contaré, dirá, incluso para indicar la acción probable: «vamos pronto, hijita, que los bebés han de estar llorando.» En Colombia y Centroamérica se produce la sustitución del futuro por va y + el presente: «no se levante, porque va y se cae». Sin sentido de futuro, la perífrasis panhispánica «va y le dice todo», «fui y abrí la ventana» alterna con otras menos generales, como «agarré y le dije», «llegó y me pegó» (ésta, peculiar de Chile). De carácter inceptivo, sinónimas de ‘echarse o ponerse a’ + infinitivo, son dice a gritar, agarró a caminar, se largó a llorar, cogió a insultarme. Saber se usa con el valor de ‘soler’ y mandarse se vacía casi e sentido ante infinitivos que expresan movimiento (mándese entrar ‘entre’, se manda cambiar ‘se larga, se marcha’). Las perífrasis con gerundio compiten con las formas simples, muchas veces sin diferencia apreciable en el significado: ¿cómo le va yendo? se da al lado de ¿cómo le va?, y vengo viniendo junto al normal vengo. También se vacía de sentido la perífrasis colombiana acabar de + infinitivo: ¿cómo le acaba de ir? equivale sin más a ¿cómo le va?. La antigua expresión impersonal diz que, indicadora de que el hablante repite noticias, rumores, traiciones, etc., de origen impreciso, sobrevive en las formas dizque, desque, isque, es que, y que, no desconocidas, pero menos frecuentes, en España («dizque por arriba todo lo arreglaban a látigo», «Ya desque están formando los comités», «Usté isque nesesita peones», «su ocupación y que es brujear caballos«). La construcción es entonces que llegó, es por usted que lo digo no falta en textos clásicos castellanos y está viva en gallego; en América es frecuentísima y tiene un arraigo popular que en muchas ocasiones hace pensar en arcaísmo más que en imitación artificiosa del francés c’est alors que o del inglés it’s because of you that I am saying that; pero en multitud de casos es eviente el galicismo o anglicismo.


5. Algunas observaciones sobre adverbios, preposiciones y conjunciones: siempre tiene, además de sus significados comunes con el español peninsular, el de ‘por fin’, ‘al cabo’: «¿siempre fueron al cine anoche?», «¿siempre saldrá de la ciudad mañana?». La frase adverbial no más ha ampliado sus sentidos, tomando, aparte del restrictivo (a usted no más ‘solamente a usted’) otros intensivos o enfáticos como en allí no más ‘allí mismo’, hable no más ‘hable de una vez’, ‘decídase a hablar’. En América, recién se emplea sin participio, con el significado temporal de ‘ahora mismo’, ‘entonces mismo’, ‘apenas’, ‘en cuanto’, ‘luego que’: recién habíamos llegado ‘apenas habíamos llegado’; también se combina con otros adverbios: «recién entonces salía / la orden de hacer la reunión» (Martín Fierro). Cómo no es forma de afirmación muy generalizada.

Preposiciones: en 1580 escribe Santa Teresa: «Desdel Jueves e la Cena me dio un aciente de los grandes que he tenido en mi vida, de perlesía y corazón; así anticipa un uso actual americano: en Méjico, América Central y Colombia desde y hasta se emplean en indicaciones de tiempo sin sus respectivas referencias originarias al momento inicial de una acción o al término de ella: «desde el lunes llegó» ‘el lunes llegó’; «hasta las doce almorcé» ‘a las doce’; «volveré hasta que pase el invierno» ‘cuando pase’; este uso de desde se registra también en Cuba (denge o dengue) y Puerto Rico; el de hasta en Venezuela y Chile.

La interjección apelativa ¡che!, tan característica hoy del coloquio rioplatense como del valenciano, entronca indudablemente con el ¡ce! tan repetido en la literatura peninsular desde el siglo XV al XVII.



La Página del Idioma Español -© 1996-2008 ― Asociación Cultural Antonio de Nebrija