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El español de América

Rafael Lapesa

El voseo. Eliminación de «Vosotros»

1. Como ya se ha dicho (§ 954), en la España del 1500 era el tratamiento que se daba a los inferiores, o entre iguales cuando había máxima intimidad; en otros casos, aun dentro de la mayor confianza, se hacía uso de vos. Al generalizarse vuestra merced > usted como tratamiento de respeto, recobró terreno a costa de vos en el coloquio familiar, hasta eliminarlo durante el siglo XVII y quizá parte del XVIII. Las cortes virreinales adoptaron y difundieron estos cambios en las formas de trato social, que hoy son las únicas vigentes en casi todo Méjico, en la mayor parte del Perú y Bolivia y en las Antillas, donde influyó la acción cultural de la Universidad de Santo Domingo, así como la mayor duración de la dependencia política respecto a España. Pero en Argentina, Uruguay, Paraguay, América Central y el estado mejicano de Chiapas domina el vos en la conversación familiar con intensa y espontánea vitalidad; en Panamá, Colombia, Venezuela, Ecuador, Chile, zonas norteñas y Sur del Perú, así como en el Sur de Bolivia, alternan y vos.


2. Vos concuerda ordinariamente con formas verbales que en su origen fueron de plural: imperativos sin -d final (cantá, poné, vení), usados en España hasta el siglo XVII, y presentes de indicativo sin diptongo en la desinencia (andás, tenés, salís, sos), desechados aquí durante el XVI; pero con el verbo siempre en singular hay vos tienes, vos sabes en el Norte del Perú y, alternando con el plural, en Bogotá, Ecuador y Chile. En el presente de subjuntivo se vacila entre vos salgás, vos soltés y vos salgas, vos sueltes, vos puedas, matizados en el uso bonaerense; en el futuro contienden vos sabrés y vos sabrás, en el perfecto vos matastes y vos mataste; y existen multitud de formas ambivalentes que en el español general moderno pertenecen exclusivamente al singular (das, des; estás, estés, vas; ves; eras, cantabas, ibas, tenías, pudieras, querrías, etc.), pero que en la América voseante son resultado conjunto del singular y de los antiguos plurales da(d)es, de(d)es, esta(d)es, este(d)es, va(d)es, ve(d)es, éra(d)es, cantáva(d)es, iva(d)es, tenía(d)es, pudiéra(d)es, querría(d)es (v. § 962). Quedan formas con diptongo desinencial (tenéi(s), hablái(s), pondréi(s), comíai(s), vierai(s), etc.) en islotes de Colombia, en un área extensa al Noroeste de Venezuela y en Chile (vos tomái(s), comíai(s), comierai(s) ),reliquias hoy vulgares de un uso que antaño debió de ser el más distinguido. El mantenimiento de vos no va acompañado por el de os y vuestro, que han desaparecido en América: al vos nominativo y término de preposición corresponden te como pronombre afijo y tuyo, tu como posesivos (vos te volvés, vos tomás tu dinero, guardáte lo que es tuyo, sentáte).


3. La génesis del voseo americano es complicada. En el español medieval se da con frecuencia el paso del tratamiento de vos al de , o viceversa, en una misma frase o en frases inmediatas: en el Cantar de Mio Cid se encuentra ya «mientra que visquiéredes bien se fará lo to» ‘mientras vivereis, lo tuyo saldrá bien’, con verbo en plural y posesivo de un poseedor, antecedente del primer ejemplo americano conocido, que es un «façételo vos» de Bernal Díaz del Castillo. Hasta el siglo XVIII abundan cambios como el del Amadis «vos digo que si quieres fazer como dezís…». También hay en España durante la Edad Media y siglo XVI casos en que vos concuerda con formas verbales equívocas («dam [‘dad-me’] vos», en Juan Ruiz; «vos, que eras tan bueno» en la Demanda del Santo Grial). Pero en España desaparecieron las ambigüedades con la generalización de dad, erais, ibais, cantabais, teníais, pudierais, querríais, mientras que en las regiones americanas alejadas de las cortes virreinales se impusieron dame vos, vos eras, vos ibas, etc., de igual modo que se formó un solo paradigma pronominal con vos, te, tuyo. En España, el puntilloso cuidado por distinguir matices de tratamiento impidió que las confusiones entre y vos llegaran a crear norma; en la  joven sociedad colonial prevaleció un sentido más igualitario.


4. Como el andaluz occidental y el canario, el español de toda América ha eliminado la distinción entre vosotros y ustedes, empleando ustedes tanto para el tratamiento de respeto como para el de confianza. La diferencia con Andalucía estriba en que en América el verbo está siempre en tercera persona (ustedes hacen, ustedes se sientan), sin las mazcolanzas ustedes hacéis, ustedes os sentais. Vosotros, os y vuestro sólo existen allí como expresión retórica y muy reverencial.


5. El desuso de vuestro ha acarreado un reajuste en el sistema de los posesivos. Su, suyo, cuya excesiva carga de valores da lugar a tantas anfibologías, tienden a evitarlas significando exclusivamente ‘de usted’, mientras cunden de ustedes, de él, de ella, de ellos, de ellas: «estuvo ayer en la casa de ustedes», «¿no ve, patrón, que les gusta dar qué de hacer a las mujeres de ellos?», «le mataron en la propia casa de él». También nuestro se halla en decadencia, sustituido frecuentemente por de nosotros: «Las penas y las vaquitas / siguen una misma senda: / las penas son de nosotros, / las vaquitas son ajenas».



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