El español de América
Rafael Lapesa
El elemento negro-africano. Las hablas criollas. Afronegrismos. El papiamento
1. La secular importación de esclavos negros procedentes de África es
en la demografía hispanoamericana un factor cuyas consecuencias lingüísticas
hay que tener muy en cuenta. La población negra constituye un contingente de
alto porcentaje en las Antillas, litoral continental del Caribe y costa del
Pacífico desde Panamá hasta el Norte del Ecuador; pero durante la época
virreinal hubo esclavos del mismo origen en otras partes. Como la trata de
negros fue iniciada por los portugueses en el siglo XV y continuó en sus manos
largo tiempo, el instrumento para entenderse con los esclavos hubo de ser en un
principio un lenguaje mixto de elementos africanos y portugueses; estos últimos
fueron sustituidos poco a poco por sus equivalentes españoles. Las postreras
supervivencias del criollo español parecen ser el habla «bozal» que se usaba
entre negros de Puerto Rico en el siglo pasado y todavía entre los de Cuba a
mediados del actual, y el islote criollo de San Basilio de Palenque, en el
Norte de Colombia, cerca de Cartagena de Indias, el gran mercado de esclavos en
otro tiempo. Negros cimarrones evadidos en 1599 han conservado allí su lengua
mixta, de estructura gramatical simplificadísima y esquema silábico de
consonante + vocal, sin consonantes implosivas. Hay noticias de otros núcleos
criollo-españoles en el Palenque de Panamá y, extinguidos, en el de Ecuador; en
el Chocó, en las tierras bajas costeras del Pacífico colombiano, el
criollo-español subsiste en el uso interno de comunidades negras que en el
trato con otras gentes emplean sin dificultad el español. Fuera de estos
residuos aislados, la población negra hispanoamericana habla el español
coloquial de cada país; a veces con notables arcaísmos, como en Loíza Aldea
(Puerto Rico), donde pervive el futuro hipotético cantare, pudiere. Sin embargo allí mismo la indicación del género
en sustantivos referentes a persona se refuerza en fórmulas como hijo macho, hija mujer, nieta hembra, amigos
hombres, según hábito del criollo portugués que entronca con el bantú. En
el castellano hablado por negros en el Occidente de Colombia se usa sin
carácter enfático una negación antes del verbo y otra al final de la frase
negativa («ella no vive aquí no», «yo no sé no»), como en el
criollo de San Basilio de Palenque y en lenguas del África negra.
2. El léxico de origen africano incorporado al español general, al de
Hispanoamérica o al de las Antillas comprende nombres de plantas y frutos (malanga, banana), comidas y bebidas (funche, guarapo), instrumentos musicales
y danzas (bongó, conga, samba, mambo),
sustantivos diversos (macuto, bembe
‘labio grueso’, burundanga
‘revoltijo’), algún adjetivo (matungo
‘desmedrado’, ‘flaco’), algún verbo (ñangotarse
‘ponerse en cuclillas’), etc. Tal vez sean de igual procedencia mucamo ‘criado, camarero’ y su femenino mucama, extendidos desde el Brasil al
Río de la Plata y Perú. La inseguridad sobre la etimología de palabras que se
tienen como afronegrismos es muy grande: Fernández de Oviedo creía que ñame era voz llevada a América por los
negros; pero como aparece repetidamente en el Diario de Colón, es necesario suponer que el Almirante la había
aprendido en las Canarias, donde la planta abunda, aunque el origen remoto del
vocablo pueda arrancar del África ecuatorial. Se ha demostrado que macandá ‘brujería’, presunto
afronegrismo, es sencillamente el mismo macandad
‘artimaña’ que se usa en Murcia, emparentado con amplia familia léxica
peninsular. Sobre la importancia efectiva del vocabulario negro-africano en el
español de las Antillas ha habido opiniones ponderativas y restricciones
críticas semejantes a las emitidas respecto a los indigenismos.
3. Caso especial de lengua criolla es el papiamento de Curazao e islas inmediatas, pertenecientes a Holanda
a partir de 1634, aunque con breve dominio francés e inglés entre 1795 y 1802.
A una base criolla africano-portuguesa se han añadido abundantes hispanismos como
consecuencia de haberse instalado en Curazao gentes numerosas procedentes de las
Antillas españolas y de Venezuela. Finalmente el holandés, lengua oficial en los
tres siglos y medio últimos, ha dejado también su huella. El papiamento (nombre
que deriva de papear ‘parlotear’, charlar’,
verbo corriente en portugués, pero usado ya por Berceo) se ha extendido a todas
las clases sociales curazoleñas, cuenta con prensa y tiene cultivo literario.
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