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El español de América

Rafael Lapesa

Vulgarismo y norma culta

1. Aparte de las peculiaridades antes enumeradas, el vulgarismo americano tiene manifestaciones de igual carácter que las del habla popular y rústica española: prencipio, dispierto, sospirar; beile ‘baile’, paine ‘peine’; enriedo, ruempa; piaso ‘pedazo’, tuavía, una rastra e leña, maldá, mercé; auja ‘aguja’, me usta ‘me gusta’; juerza ‘fuerza’; junsión, ‘función’; güérfano, virgüela ‘viruela’; güeno, trigunal, agüelo; dino, vitoria, Madalena, aspeito, defeuto; traiba, oiba, etc. Perduran arcaísmos como agora, asperar, atambor, cuistión, emprestar, niervo, melecina, muncho, cañuto, ñublar, ñudo, silguero, tiseras, anque.

El hiato tiene a desaparecer, con las consiguientes alteracicones de acento y timbre; así se confunden los sufijos -ear- y -iar (pasiar, guerriar), lo que origina ultracorrecciones como desprecear, malicear. Mucho arraigo muestran desplazamientos acentuales como páis, óido, dura ‘ahora’, tráido, contráido. En 1720, cuando el limeño don Pedro de Peralta Barnuevo acentuaba así en los versos de su Rodoguna, tales dislocaciones no disonarían grandemente del lenguaje culto de la metrópoli, que también las admitía. En España hubo después una reacción apoyada por la fuerza e la tradición literaria y se detuvieron o rechazaron las pronunciaciones bául, cái, máestro, réido, mientras el español vulgar de América siguió usando las formas con desplazamiento acentual y dejó que éste afectara también a las del imperfecto (créia o créiba ‘creía’, húia ‘huía’, cáia ‘caía’, tréiamos ‘traíamos’); aun entre americanos ilustrados de algunos países se oyen sinéresis tea-tro, gol-pear, que al peninsular le suenan tiatro, golpiar. Por el contrario la norma culta americana rechaza vulgarismos que en España gozan de indulgencia o no se sienten como tales: la pronunciación -ao por -ado es demasiado plebeya en Méjico y Argentina, donde el uso normal evita omitir la /-d/ y aún la refuerza con especial tensión (desgraciaddo); en Argentina, para no suprimir descuidadamente la /-d/ final en paré, bondá, se llega a decir paret, bondat. La acentuación peninsular grave de amoniáco, policiáco, cardiáco, austriáco es inaceptable para oídos cultos argentinos acostumbrados a los esdrújulos amoníaco, policíaco, cardíaco, austríaco. No es exacto hablar de mayor o menor vulgarismo a un lado u otro del Océano, sino e determinadas divergencias de norma dentro de una norma general común. Tanto en América como en España los dialectalismos y vulgarismos tolerados en la conversación no pasan a la escritura de gentes medias, y menos todavía a la producción literaria, salvo en obras costumbristas o de ambiente popular. Frente al criterio de libertad y abandono se levanta poderosamente el afán de corrección. En cincuenta años las enseñanzas gramaticales de Bello lograron aminorar el voseo entre las clases cultivadas de Chile.


2. La extensión del español en América y sus ulteriores divergencias, tanto internas como respecto al de España, han hecho pensar repetidamente en un futuro semejante a la fragmentación del latín vulgar. Pero las circunstancias de nuestro idioma y de nuestro tiempo no son como las de la Romania en el siglo V, No ha llegado a afectar a la unidad del sistema lingüístico ninguna de las diferencias existentes entre el habla americana y la española, ni entre la de unos y otros países hispánicos del Nuevo Mundo. En cuanto al porvenir, los medios de comunicación actuales aseguran la continuidad e intensificación de intercambio cultural, tanto dentro de América como con España. Se han disipado los mutuos recelos que acompañaron y siguieron a la emancipación: las que fueron colonias reconocen la excelsa labor civilizadora de nuestros antepasados, también suyos; en España crece la estima por la vigorosa personalidad de las naciones hermanas; y la conciencia del valor instrumental e histórico de la hermosa lengua común es la mejor garantía contra el resquebrajamiento de su unidad. No se deben desoír, sin embargo, las voces de alerta que han advertido peligros de fisura: las divergencias fonéticas, gramaticales y, sobre todo, léxicas serían una fuerte amenaza si no se tratase de contenerlas meiante un esfuerzo de cooperación y buena voluntad.


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